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En reiteradas ocasiones hemos sido claros en nuestros artículos, editoriales o columnas al referirnos a la no inversión social en nuestro país por parte del actual gobierno de Uribe Vélez. Pesados, cansinos o reiterativos con lo mismo de lo mismo. Pero miren ustedes, cómo el paso del tiempo nos da la razón. Hace unos días el canal cuatro de España, en un nuevo formato de hacer periodismo, estrenó un programa de periodismo de investigación llamado “REC´porteros Cuatro” en el que el periodista pone su vida en peligro ingresando a los barrios marginales dominados por pandillas de los sectores más vulnerables y olvidados socialmente por el estado, donde infantes de 10,12,14 relataban sus vivencias como sicarios y con arma en mano orgullosos de lo que supuestamente desarrollaban allí, uno de ellos manifestó: “Aquí dominamos el territorio y controlamos la venta de la droga, asesinamos por poco dinero, robamos e imponemos nuestra ley”. A estos sectores las autoridades ingresan cuando ocurre algo gordo, de lo contrario, son estos jóvenes que dominan el territorio. El periodista junto con el equipo de televisión española viajó a Pereira para mostrar la otra cara de la perla del Otún. En la que nos llevamos las manos a la cabeza y nos preguntamos ¿es esto seguridad democrática? Esa que algunos medios de los grupos más poderosos del país promulgan a cuestas de hacer creer que en Colombia todo es color de rosa, en los últimos 8 años. Pues miren, allí nos mostraron que la juventud está perdida, y desde temprana edad se dedican al consumo de droga y su efecto les lleva a cometer los asesinatos que ellos mismos cuentan, producto de falta de oportunidades, de educación, formación, trabajo etc. Un joven expresó, al preguntársele por el estado “esos manes prometen y prometen y no cumplen”. Una desgarradora historia contada por uno de los adolecentes asesinos pagados y coordinados por organizaciones al margen de la ley cuyos intereses son la venta de la droga y el control de los sectores, según la misma droga que ya no sale con facilidad de Colombia por lo difícil que las autoridades extranjeras se lo ponen a los narcos, pues ésta se queda aquí. Relata uno de los integrantes de las pandillas “aquí nos volvimos consumidores porque llegó un man, la repartió a los que queríamos gratis y luego uno se engancha y tiene que robar o matar para comprarla, es duro parce” finaliza diciendo el joven pandillero. Los grandes expendedores llegan allí, les entregan la droga a los encargados y luego ellos se encargan de venderla convirtiéndose en un círculo vicioso en el que ronda droga, robo, asesinatos y secuestro. Algunos dicen que quieren llegar a hacer como los de las películas que se emiten ej: Sin tetas no hay paraíso, etc. Culturas que les han ido dando la pauta para animarse a este drama de violencia y narcotráfico golpeando a las clases más bajas del país. Claros son los resultados de la marginación, el abandono y la inexistencia de cualquier oportunidad en la vida de miles de jóvenes desesperados que buscan una salida a esta desagradable forma de vivir. La historia más conmovedora fue la de Felipe, un niño que asegura que se convirtió en sicario porque varios hombres irrumpieron en su casa disparando. Su hermana de 2 meses pereció en el hecho. “No me dio tiempo de entrar, coger a mi hermana y sacarla de allí. Cuando la cogí, relata llorando, estaba llena de sangre” fue entonces, según Felipe, cuando tomó la decisión de convertirse en sicario. Sigue llorando, muestra su dolor y la pena por actuar como viene haciéndolo. El periodista le pregunta: ¿te gustaría salir de donde estás? Responde llorando que sí, que no es vida lo que vive, donde a diario lo señalan y lo miran con recelo, muchos dicen “miren, ese que va allí me robó”. Muestra cara de tristeza y lleva consigo su arma, la cual porta para realizar sus fechorías.
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